jueves, 20 de julio de 2017

Lucano - Córdoba

Fue nieto de Marco Anneo Séneca (Séneca el viejo) y sobrino del filósofo Lucio Anneo Séneca​ (Séneca el joven). Su padre, Marco Anneo Mela, pertenecía a la clase de los caballeros. Su madre, Acilia, era hija de un conocido orador. Cuando Lucano tenía ocho meses de edad, su padre se trasladó con toda la familia a Roma, ciudad en la que había residido y donde su tío, el filósofo, tenía adquirida una notable fama. Sin embargo, este último tuvo que sufrir por orden del emperador Claudio, en el año 41, exilio en la isla de Córcega del que regresó en el año 49 decidido a ocuparse de la instrucción de su amado sobrino.
Lucano dio muestras de una extremada precocidad que le llevó a ser poeta laureado a una edad temprana. También exhibió una gran capacidad productiva, que se vio violentamente truncada por su muerte a los veintiséis años. Su considerable obra está compuesta, entre otros títulos, por Ilíaca, Catachtho-mony y Silvas; una tragedia, Medea; 14 libretos de pantomimas concebidas para el baile; un escrito dirigido a su joven esposa, Pola Argentaria, etc. Sin embargo, hasta nosotros ha llegado únicamente su epopeya en 10 cantos sobre la guerra civil entre César y Pompeyo, que lleva el título de Farsalia.
A los dieciséis años, Lucano era ya autor de tres composiciones y podía declamar en latín y griego. Marchó a Atenas en un viaje de instrucción, pero tuvo que regresar pronto ante los requerimientos del propio Nerón, que le concedía por entonces toda su estima y le incluyó en su cohors amicorum, es decir, su círculo de amigos. A los veintiún años recibió la dignidad de poeta laureado, y Nerón le honró nombrándolo augur e incluso dándole el cargo decuestor de forma honorífica antes de haber cumplido la edad reglamentaria. Además intervino públicamente el año 60 en las Neronia, espectáculos artísticos creados por Nerón.
Pronto, sin embargo, la vesánica conducta del emperador, que era también poeta y le tenía envidia, cambió de signo para él, prohibiéndole realizar lecturas públicas, con lo que cayó en desgracia desde entonces. Los siguientes cuatro años, desde el 62 al 65, Lucano no sólo alternó sus escritos con composiciones satíricas y acusadoras contra el emperador y sus colaboradores, sino que llegó a participar activamente en la conjura de Pisón que se estaba fraguando contra el emperador.
Cuando la conspiración fue descubierta a causa de la imprudencia de alguno de los implicados, según el testimonio de Tácito y Suetonio, Lucano hubo de sufrir crueles interrogatorios, a lo largo de los cuales negó, admitió y se retractó alternativamente de sus culpas. Aunque estos testimonios no son demasiado dignos de crédito, al parecer llegó incluso a acusar a su propia madre para disminuir sus responsabilidades. Sobre este punto, cabe pensar que fue parte de la campaña de desprestigio de Nerón, ya que nunca se llegó a abrir un proceso contra la mujer. Lo cierto es que, tras recibir su condena a muerte, cuya forma de ejecución fue dejada a su elección, asumió una actitud digna y, en el mejor ejemplo de estoicismo posible, se cortó las venas el 30 de abril del año 65, y expiró recitando unos versos en los que había descrito el fin de un soldado que sufría su misma muerte, según lo describió el historiador contemporáneo Tácito. No obstante, dichos versos no se conservan en la actualidad.
Sobre su vida ofrecen datos varias vitae, una de ellas compuesta por Suetonio. Su esposa Pola Argentaria guardó su recuerdo fielmente e invitó a su fiesta natalicia a los poetas Marcial y Estacio.


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