sábado, 28 de febrero de 2015

Muralla romana de Lugo

La muralla romana que rodea Lugo es la única que se conserva completa en el mundo. Por eso y por su belleza se la considera Patrimonio de la Humanidad
Dice la leyenda que la muralla no fue edificada para proteger una ciudad, sinó un bosque, el "Bosque Sacro de Augusto" o "Lucus Augusti"
Hoy del bosque no queda nada pero la muralla sigue en pie. Lleva 17 siglos desafiando al tiempo. fue construida según las elegantes normas que rigen las obras de Vitruvio.
Mide más de 2 kilómetros, cuenta con 1o puertas y en algunos tramos alcanza los 7 metros de anchura.
Pasear por lo alto y detenerse en alguna de sus 85 torres nos hace sentir el poder de la Roma Imperial y permite contemplar maravillosas panorámicas.

Las murallas romanas

La defensa de las ciudades ha sido uno de los principales asuntos con que las distintas culturas se enfrentaban para asegurar el porvenir, no solo de sus habitantes y pertenencias, sino también de su cultura y forma de vida. Los romanos fueron los que perfeccionaron los distintos métodos de defensa mediante murallas.
En España tenemos múltiples ejemplos, casi todos de los primeros años de dominación -Siglo I y Siglo II a.C.- y muchos de ellos restaurados o remodelados, que atestiguan la importancia que estas edificaciones tenían en el mundo romano.
Con la "Pax Augusta", como es lógico, se redujeron las edificaciones de murallas, volviendo a reactivarse en el Siglo III por la presión de los pueblos bárbaros.
Por lo general, consistían en dos paramentos paralelos de sillería -opus quadratum- de tamaño variable, y entre ellos un relleno de mortero, piedras e incluso de hormigón romano. Estas paredes exteriores, a veces tenían los sillares almohadillados, y estaban separadas por 4 m. como mínimo, llegando a los 10 m. en ocasiones excepcionales. 


(HISTORIA DE LA ARQUITECTURA EN ESPAÑA)

viernes, 27 de febrero de 2015

Villa romana de la Olmeda - Pedrosa de la Vega

La villa romana de La Olmeda está situada en el municipio español de Pedrosa de la Vega, en la provincia de Palencia comunidad autónoma de Castilla y León. El yacimiento fue declarado Bien de Interés Cultural el 3 de abril de 1996.
Se trataba de una explotación agrícola en la que se diferencian dos fases cronológicas; por un lado una villa del siglo I que perduró hasta finales del siglo III, y por otro la reedificación de la misma en el siglo IV, en un contexto de recuperación que vivió su mejor momento entre los gobiernos de Constantino I y Teodosio I el Grande- hasta que fue destruida y abandonada en el siglo VI. Sus restos fueron descubiertos en 1968, durante unos trabajos en tierras propiedad de Javier Cortés quien comenzó su excavación de manera privada. En 1980 el yacimiento desbordó sus posibilidades por lo que llegó a un acuerdo con la Diputación Provincial de Palencia: se creó una Fundación, que se encarga desde entonces de su gestión y se construyó una cubierta para los restos que posibilitó su apertura al público en 1984. Tras un concurso para una nueva adecuación del yacimiento, en el que resultaron ganadores los arquitectos Paredes y Pedrosa, el nuevo edificio abrió al público en abril de 2009 y al año siguiente recibió el premio Europa Nostra.
El edificio principal de la villa presenta planta cuadrada con cuatro torres angulares, de planta octogonal en la fachada sur y cuadrada en la norte. En el centro hay un patio que en origen fue un peristilo pero más tarde se sustituyeron las columnas del lado sur por una arquería de ladrillo y los restantes lados se cerraron con muros
Por su parte, el edificio de los baños, unido a la vivienda a través de un corredor, presenta dos zonas: por un lado una gran habitación circular, cuyo uso se desconoce, y por otro el vestuario, a través del cual se accede a las distintas salas de baño frigidarium, tepidarium y caldarium.
Entre los restantes hallazgos cabe destacar las tres necrópolis encontradas, que han proporcionado más de 700 tumbas pertenecientes a distintos periodos y abundante material arqueológico gracias a los ajuares.
Posiblemente el mayor atractivo de la villa lo constituye el conjunto de mosaicos que pavimenta sus suelos, considerado como uno de los más importantes de España De todos ellos destaca el mosaico situado en el oecus de la casa, compuesto por una gran cenefa y una escena central con tres temas distintos: una escena de caza, la leyenda del descubrimiento de Aquiles por Ulises cuando el primero estaba oculto en la isla de Esciros, y una cenefa en la que aparecen varios medallones con retratos y una representación de las estaciones del año. Una selección de los materiales hallados en las excavaciones está expuesta en el museo monográfico sobre La Olmeda que en 1984 se instaló en la iglesia de San Pedro de Saldaña

jueves, 26 de febrero de 2015

Santuario de Santa Eulalia de Boveda

Se trata de un recinto sagrado tardo-romano destinado al culto a la diosa Cibeles que data de finales del siglo III d.C. o principios del siglo IV d.C.
Originalmente el edificio tenía dos plantas aunque en la actualidad solo se conserva la inferior o cripta, en la que se sitúa un estanque de planta rectangular, de poca profundidad.
El rito de Cibeles necesitaba de una arquitectura particular que permitiera realizar de manera separada y a la vez coincidente el sacrificio del toro y el bautismo del devoto: en la parte superior del edificio se emplazaba el lugar del sacrificio mientras que el devoto se situaba en la inferior. Además, como solución necesaria, la piscina en la que el devoto recibía el bautismo tenía un sistema de agua corriente natural que permitía la limpieza de la sangre producida en el sacrificio del animal.
Está documentado en las sucesivas reformas llevadas a cabo en el pavimento del santuario, la existencia de varias arquetas de captación y de canales de saneamiento que permitían la permanente recogida del agua que recorre el suelo del edificio y que seguramente no tenía otra función que el permanente saneamiento en la piscina central de los restos de sangre producidos en el bautismo ritual. La bóveda de la cripta se encuentra decorada con un maravilloso conjunto mural, en el que se representa a las sibilas en forma de aves. El conjunto posee perdices, faisanes, gallináceas, pavos reales, palomas, un ganso y un pato, todos ellos entre motivos vegetales estilizados. La representación pictórica hace referencia directa a la relación que las aves y sus cantos tenían con el santuario y su funcionamiento como oráculo: las aves vivas permanecían ocultas a la vista de los devotos en el corredor perimetral que el edifico posee, así los cantos proféticos de estas aves ocultas resonaban sobre las pinturas de la bóveda en el interior de la cripta ante los devotos de la diosa.

(Arqueomas)

Circo romano de Toledo

El circo romano de Toledo fue construido durante el siglo I, durante el mandato del emperador Octavio Augusto o el emperador Tiberio. Posiblemente, su construcción quedó incluida dentro del plan que el emperador emprendió por todo el Imperio para dotar a todas las grandes ciudades de edificios públicos, como termas, teatros, anfiteatros, o foros, con el objetivo de potenciar la romanización en estas zonas. En concreto, el circo romano se ubicó en el norte de la ciudad romana.
Pese a estar poco investigado, ya que más de la mitad de la infraestructura aún permanece sin excavar, sus similitudes con otros circos de la península, como el de Augusta Emerita, permiten afirmar que su aforo debía ser entre los 15.000 y los 30.000 espectadores, lo que inicialmente resultó suficiente para cubrir las necesidades de la urbe así como de otros pueblos de los alrededores. El circo romano tenía unas dimensiones de 422 metros de largo por unos 112 metros de ancho.
Con la información con la que se cuenta, no se tiene constancia de que el Circo Romano de Toletum se utilizara para la naumaquia (recreación de batallas navales) como ocurría, por ejemplo, en el circo romano de Tarraco.
La importancia de los restos arqueológicos del circo es importante ya que permite afirmar que, dadas sus dimensiones, su aforo y comparándolo con los de otras ciudades hispano-romanas de la Península, Toledo debió ser en época romana una ciudad que jugó un papel importante en la administración política y jurídica de la península.
Dadas las dimensiones del Circo, como sucedió en casi todas las ciudades hispano-romanas, éste se situaba a las afueras del recinto amurallado; es seguro que desde la ciudad existiera una calzada dirección al Circo, la cual no ha sido encontrada.
Por otro lado, junto a este se ubicaba otra infraestructura dedicada al ocio: el Teatro Romano, justo donde actualmente se encuentran las instalaciones deportivas del colegio situado junto al Circo. Se tiene constancia, por los vestigios que llegaron al siglo XX, de su existencia, si bien, la utilización del solar con otros fines ha impedido poner en valor los restos. Comprobando la diferencia del nivel del suelo entre los restos excavados del circo y el solar aledaño, es posible que bajo el subsuelo se conserven parte del Teatro como la escena, parte del frente escénico y los primeros graderíos. Además, la ubicación de las instalaciones deportivas en ese solar (cuya necesidad de aprovechar parte del subsuelo es nula), habrá permitido su conservación en una situación aceptable.
El otro edificio dedicado al ocio público, el Anfiteatro romano de Toledo, se encontraba más alejado del Circo y del Teatro, en el barrio de Covachuelas. Justo en el tramo central de la Calle Honda. No se tienen muchos datos de éste, ya que a inicios del siglo XX, los restos fueron dinamitados con el objetivo de dedicar esos terrenos a otros menesteres, si bien, como sucedió con muchos restos, es posible que haya quedado algo bajo el subsuelo, aunque poco probable.
El declive de todos estos edificios llegó con la llegada al Cristianismo que rechazaba este tipo de eventos púdicos. Finalmente, fue con la llegada de la dominación visigoda cuando acabó abandonándose. A partir de este momento, comenzará el expolio de los sillares de granito que cubrían el Opus Camenticium para reaprovecharlo en otras construcciones. Este expolio se extenderá durante prácticamente toda la Alta Edad Media.
Durante la etapa musulmana, al menos inicialmente, los graderíos del Circo fueron utilizados por comerciantes para ubicar ahí sus establecimientos. Más tarde, los árabes utilizaron el circo como cementerio, del que pueden observarse a simple vista muchos vestigios. Actualmente, el cementerio medieval permanece ahí, lo que convierte al parque arqueológico en un importante cementerio medieval.
Durante la Baja Edad Media, es posible que acabara el expolio, si bien los edificios quedaron abandonados a las afueras de la ciudad medieval, lo que facilitó que los años los sepultaran y que los Toledanos olvidaran la ubicación de los mismos.
Actualmente no existen planes de excavación y puesta en valor para los restos del Teatro ni del Anfiteatro, dado que no se tiene claro que queden restos de importancia, si bien, existe un proyecto de puesta en valor del Circo Romano con el objetivo de escavarlo completamente y hacer un parque arqueológico digno del Toletvm romano.


(Wikipedia)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Muralla romana de Tarraco

La Muralla de Tarragona es una cerca militar de origen romano que rodea el casco antiguo de la ciudad de Tarragona, en la provincia homónima, de la comunidad autónoma de Cataluña, en España. Se trata de uno de los lugares del sitio Patrimonio de la Humanidad denominado «Conjunto arqueológico de Tarraco», en concreto el que lleva el código 875-001.
Es la construcción más antigua de la Tarraco romana. En un primer momento se trataba de una simple empalizada de madera que tenía como misión proteger la guarnición militar.
La muralla romana se construyó a principios del siglo II a.C., aunque los especialistas aún no se han puesto de acuerdo de si fue durante la 2ª guerra púnica o posteriormente. Se sabe que sufrió una ampliación a lo largo del siglo II aC, seguramente durante la formación de la ciudad romana de Tarraco. De esta época se conservan tres torres originales:
La Torre de l'Arquebisbe
La Torre del Cabiscol
La Torre de Minerva
En el 217 y el 197 aC fue ampliada y fortalecida con un frontal de piedra de 6 metros y unos 4,5 metros de grosor, con torres en los puntos débiles. Tenía una longitud hacia el siglo III a. C. de unos 4 km. Sin embargo, en la actualidad sólo se conserva alrededor de 1 km y una puerta adovelada original.
Después de la invasión islámica, Tarraco sufrió un despoblamiento paulatino y no fue hasta la ocupación de Ramón Berenguer IV, en el siglo XII que la muralla fuese reutilizada y reparada. De la época moderna y contemporánea se conocen diversas modificaciones y reparaciones, siendo modificada durante la ocupación napoleónica.
Desde de finales del siglo XIX es de propiedad pública y Patrimonio de la Humanidad, y es uno de los símbolos característicos de la ciudad de Tarragona.

Arco de Bará - Roda de Bará

El Arco de Bará, que derivaría del nombre del conde Bera, es un arco de triunfo construido por los romanos a unos 20 kilómetros al nordeste de Tarragona (España), cerca de la localidad de Roda de Bará. El arco de Bará es uno de los elementos del «Conjunto arqueológico de Tarraco», declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
El arco está situado sobre el trazado de la Vía Augusta. Es un arco honorífico constituido por un cuerpo central sobre un podio, decorado con falsas pilastras acanaladas que culminan en capiteles corintios. Tiene una única abertura en arco de medio punto. La parte superior de la construcción tiene un entablamento formado por arquitrabe, friso y cornisa. Está construido con piedra calcárea, probablemente de algún yacimiento cercano.
La construcción del monumento deriva del testamento de Lucio Licinio Sura y se hizo en el reinado de Augusto, sobre el año 13 a. C. La inscripción que se conserva dice: «Ex testamento L(ucio) Licini(o) L(ucio) f(ilii) Serg(ia tribu) Surae consa[...]». Lo erigió para marcar los límites territoriales y terminar con las disputas entre las tribus de los ilérgetes y los cosetanos.

(Wikipedia)

martes, 24 de febrero de 2015

Circo romano de Mérida

Es uno de los circos mejor conservados del Imperio y, también, uno de los más grandiosos. Sus dimensiones lo certifican, cuatrocientos tres metros de largo por noventa y seis y medio de anchura, al igual que su cabida, que pudo ser de hasta treinta mil espectadores. Edificado en tiempo de la dinastía Julio-Claudia tuvo varias ampliaciones y restauraciones, siendo la última constatada del siglo IV d.C. Lo que demuestra que este espectáculo aún tenía una masa ferviente entre los habitantes de la ciudad y sus alrededores en un momento tan tardío.
Se construyó fuera de las murallas de la ciudad, junto a la calzada a Toledo y Córdoba, aprovechando la suave pendiente que el cerro de San Albín presenta antes de llegar a orillas del Albarregas. Forma un valle artificial drenado por atarjeas que, en la antigüedad, evitaban que éste se inundase.
Su planta es la de un rectángulo uno de cuyos extremos, el sudoriental, concluye en semicírculo. En el se ubicaba la puerta por la que salían los aurigas vencedores (porta pompae). El extremo noroccidental, el más cercano al centro de interpretación de este monumento, era rectilíneo, con los ángulos redondeados. En él se ubicaban las jaulas de salida de los carros (carceres).
Los lados longitudinales estaban ocupados por las gradas, que debieron de estructurarse de igual manera que las del Teatro. Un podio separaba a éstas de la arena. En el eje de uno de esos lados se ubicaba la tribuna, desde donde disfrutaba del espectáculo su patrocinador; en el mismo sitio, pero en lado opuesto, se encontraba la tribuna de los jueces.
La arena estaba longitudinalmente recorrida en su centro por un muro sobre-elevado, la spina. Los grandes huecos que podemos observar nos recuerdan que la spina del circo emeritense estuvo decorada con obeliscos y estatuas colosales.


(Turismo Mérida)

Asentamiento romano de Itálica - Santiponce

El primer asentamiento romano importante en Hispania lo constituye la «Colonia Aelia Augusta Itálica» fundada por Publio Cornelio Escipión «el Africano» en el año 206 a.C. para instalar en ella a los soldados que le habían ayudado a derrotar a los cartagineses y a expulsarles de la Bética. Su nombre parece derivar del origen de estos soldados, que en su mayoría procederían de la Península Itálica. El primitivo emplazamiento, la ciudad vieja o «Vetus Urbs», se levantó sobre unos alcores, en la margen derecha del río Betis (Guadalquivir), cerca del poblado indígena que allí existía al menos desde el siglo IV a.C. Estaría rodeado por un foso o «vallum» y se corresponde con el actual caserío de Santiponce.
A través de su cerámica, Luzón constata en sus excavaciones de 1973 un proceso de simbiosis entre las poblaciones ibérica y romana, imponiéndose, en lo que al trazado urbanístico respecta, el modelo de ciudad itálica.
 Toda la vida oficial de desarrolló originariamente en torno al cerro conocido como Los Palacios, donde estaría asentado el Capitolio, ubicándose el foro en la hondonada contigua. Pero el gran proceso de monumentalización de «Itálica» comenzó a finales de la época republicana o en los inicios de la imperial, adquiriendo su punto culminante durante el mandato de Marco Ulpio Trajano (98-117), natural de esta ciudad y primer emperador oriundo de una provincia romana, y el de su sucesor y, según algunos, conciudadano Publio Aelio Adriano (117-138). El engrandecimiento se plasma en la creación de una nueva ciudad, la «Nova Urbs», cuya planificación tiene ciertas reminiscencias orientalizantes, con amplias avenidas («plateae») y calles regulares de aceras porticadas; por debajo de la enlosada red viaria ortogonal discurría el servicio de abastecimiento de agua, que llegaba a los depósitos («castellum aquae») por un acueducto y de ellos pasaba a las fuentes públicas y a los edificios principales a través de tuberías de plomo, y las cloacas, en las que se vertían las aguas residuales. En el centro de esta nueva urbe estaba instalado un espacioso recinto monumental, excavado recientemente por Pilar León, en el que destacaba el soberbio templo octástilo de mármol blanco dedicado al culto imperial del divinizado Trajano por parte de su sucesor Adriano, que se hacía rodear por un espléndido pórtico rectangular de mármoles blancos y polícromos en el que se abrían exedras alternativamente cuadrangulares y semicirculares.
 La magnificencia y la monumentalidad también se hacen notar en todos los edificios públicos, destacando las termas mayores y el anfiteatro, así como en los privados, con suntuosas y lujosas mansiones en las que se aprecia aún su rica decoración musivaria.
 El ocaso y la decadencia de «Itálica» fue ocasionada en parte por la inestabilidad natural del terreno, cuyos daños son perceptibles ya en las construcciones del siglo III, agravándose la situación en los dos siglos siguientes, de tal manera que en la época visigoda ya ha perdido todo su brillo y esplendor. La Junta de Andalucía ha declarado a la ciudad de «Itálica» Conjunto Arqueológico por el Decreto 127/1989 de 6 de junio.
 El anfiteatro de «Itálica» es de los mayores del mundo romano y, parece ser, sólo le superan el de la propia Ciudad Eterna, el de Pozzuoli y el de Capua. Tiene unas medidas totales de 156 por 134, siendo las de la arena de 71 por 49. Su aforo aproximado sería de unos veinticinco mil espectadores, muy desmesurado si tenemos en cuenta que a la ciudad se la calculan unos ocho mil habitantes, pero hay que suponer que su constructor, muy probablemente Adriano, pensase más en el engrandecimiento de la urbe que en su temprana decadencia. Un «podium» de 2,30 metros de alto coronado por una balaustrada y revestido de mármol cercaba la arena. Le seguía un corredor y, a éste, el graderío, dividido en tres «meaniana», las superiores con dieciséis «cunei» separados radialmente por las escaleras de acceso. En vertical, el graderío o «cavea» se distribuía en los tres sectores habituales: el inferior o «ima» disponía de ocho gradas divididas por un pasillo o «praecinctio» en dos grupos desiguales; el intermedio o «media cavea» contaba con once, y el superior o «suma», desaparecido, que es muy posible que dispusiera de un pórtico columnado como podemos ver en el Coliseo romano. Se conservan dos salas en el graderío que tal vez tengan que ver con las tribunas presidenciales, la una en un extremo del eje menor, abovedada y rectangular, y la otra en un extremo del eje mayor con decoración de mosaicos y mármoles.
 En el centro de la «arena» se halla la «fossa bestiaria», a la que se llegaba por una galería abovedada con claraboyas. Estaba cubierta por techo de madera, conservándose los pilares de ladrillo que sostenían el entarimado. Se utilizaba para el traslado de las fieras y como zona de servicio para los espectáculos. A cada extremo del eje menor se abre una puerta con arco rebajado, y en la del mayor hasta cinco, con la central como principal, y que están separadas por columnas incrustadas. Estas puertas están a ras de suelo.
 Los ingenieros romanos no escatimaron en recursos y en técnica constructiva. Llaman la atención los refinados y discretos pasillos que permitían alcanzar las tribunas a los «decuriones». Apenas si quedan restos de los mármoles y estucos con que se hallaba revestido en algunas partes, sobrecogiendo su apariencia mutilada y descarnada.


(España Romana – Juan Cuéllar Lázaro)
Calzadas donde se incluye
Calzada
Enlace
A-9 = Ab Hispalis Italicam
http://cheno-roma.blogspot.com.es/2015/07/mansiones-nombre-romano-nombre-actual_15.html
A-23 = Item ab Ostio Fluminis Anae Emeritam usque
http://cheno-roma.blogspot.com.es/2015/07/a-20-item-ab-ostio-fluminis-anae.html

lunes, 23 de febrero de 2015

El alojamiento en las vías romanas

Mansio de Aquis Querquenis - Orense
Mansio - En la Roma antigua, una mansio era una parada oficial en una calzada romana, mantenida por el gobierno central para el uso de oficiales y hombres de negocios a lo largo de sus viajes por el imperio. A lo largo del tiempo fueron adaptadas para acomodar a viajeros de toda condición, incluso al emperador.
Las mansiones estaban bajo la gerencia y supervisión de un oficial denominado mansionarius.
En sus estructuras, por los muchos restos arqueológicos descubiertos, se aprecian por lo general estancias propias de las posadas: recepción, baños termales, las habitaciones, el comedor y la cocina con su horno, su fragua, así como el granero y los establos

Caupona - Un sistema privado de cauponae se colocaban cerca de las mansiones. Tenían las mismas funciones que una mansio pero eran de baja reputación, siendo frecuentadas habitualmente por ladrones y prostitutas.
Taberna - Los viajeros algo más pudientes requerían algo más refinado que las cauponae. En los primeros tiempos de las calzadas, las casas situadas cerca de alguna calzada eran obligadas por ley a ofrecer hospitalidad al que lo requiriera. No hay duda de que las casas más frecuentadas se convirtieron muy pronto en las primeras tabernae, las cuales eran más parecidas a "hostales" que a las "tabernas" como las concebimos actualmente.
Mutatio - Este tipo de estaciones o paradas prestaba servicio a los vehículos y a los animales: Eran las mutationes o lugar para cambiar de caballos y tomar otros de refresco. Estaban localizadas cada 12-18 millas. En estos complejos, el conductor podía adquirir los servicios para ajustar las ruedas, el carro, o conseguir las medicinas o un veterinario para sus animales.

Teatro romano de Pollentia

El teatro romano de Alcudia o teatro romano de Pollentia fue construido a finales del siglo I en las afueras de la ciudad romana de Pollentia (la actual Alcudia, en la isla de Mallorca.
El teatro conserva restos de sus tres elementos básicos: las gradas (cavea), la orquesta semicircular (dedicada a acoger a los espectadores "VIP") y el escenario (scaena). El aforo era aproximadamente de unos 2.500 espectadores. El diámetro de este teatro es de unos 35 a 40 metros.

Descripción
Presenta la particularidad de aprovechar una pequeña colina como hacían los griegos y no construirse mediante la superposición de bóvedas de hormigón como hacían los arquitectos romanos. Tal vez presentaría un velum para preservar el público del sol o de la lluvia, que es firme en los extremos altos de la grada. Conserva seis filas de las gradas y parte de los asientos más cercanos al escenario (llamado proedria), que tienen planta semicircular. En el teatro romano de Pollentia la zona destinada al público consta de tres partes: La más próxima al escenario era la prima cavea, más arriba estaba la media cavea y en la parte superior del teatro la parte llamada summa cavea. Los espectadores que tenían un cargo público o eran militares se sentaban normalmente en la prima cavea. Los altos magistrados y notables se sentaban en la orquesta, también conservada, una zona justo delante del escenario, entre éste y las gradas.
En general, en los teatros romanos las diferentes zonas del público correspondían a posiciones sociales diferentes, más poderosas cuanto más cerca del escenario estuvieran.
El teatro griego de Alcúdia conserva también el escenario, que es de tipo rectangular y que, como las gradas, aprovecha la roca de la colina en su construcción. Se encontraba un poco más elevado que la orquesta. Consta de un Proscenium con cinco agujeros para encajar pilares de madera. En la parte posterior, este escenario seguramente tuvo un muro de madera, aunque en otros teatros este scaena frons iba ricamente decorado con mármoles, columnas y estatuas.

Otros usos
El teatro romano de Alcudia ejerció la función que le es propia, acoger representaciones teatrales, del siglo I al siglo III, momento en el que este espacio perdió su valor y fue utilizado como necrópolis de Pollentia. En esta época como necrópolis se excavaron tumbas trapezoidales tanto en el escenario como en las gradas.


(Wikipedia)

sábado, 21 de febrero de 2015

Las ciudades romanas

Las ciudades conformaron la estructura civil y social de la civilización romana: se centralizaba el comercio, se relacionaban los distintos pueblos conquistados, y, en general se controlaba a la población.
El diseño urbano de las ciudades romanas sigue unas pautas necesarias para el correcto funcionamiento de los servicios públicos y militares.
 Básicamente, la ciudad romana está compuesta por una serie de módulos iguales, distribuidos ordenadamente -paralelos y equidistantes- y separados por calles. Entre todos forman un conjunto de diseño rectangular que está rodeado por una muralla perimetral con torres de vigilancia. Todas las calles son iguales, excepto dos: la que va del norte a al sur -kardo maximus- y la que va del este al oeste -decumanus-, que son más anchas y que terminan en las únicas cuatro puertas que tiene la muralla.
 En el cruce de estas dos calles se ubican el foro de la ciudad y el mercado.
 Con estos módulos se diseñan los edificios públicos, el anfiteatro -dos módulos de largo y uno y medio de ancho-, el teatro -un módulo-, el mercado -un módulo-, el conjunto del foro -dos módulos-, etc.
Estas normas urbanísticas se desarrollan durante casi 10 siglos, creando las distintas ciudades.
Dentro de las ciudades, los tipos de vivienda se dividían en: casa, domus, la insula y la villa. También existieron las casae o viviendas de esclavos y clases bajas, que por sus precarios sistemas de construcción, hoy han desaparecido. Además aparecieron grandes edificios comunitarios como las basílicas, las termas y los importantes conjuntos socio culturales y religiosos llamados foros.


(HISTORIA DE LA ARQUITECTURA EN ESPAÑA)

viernes, 20 de febrero de 2015

División provincial de Diocleciano

La división provincial de la Hispania romana no fue siempre igual. Me centraré en la última promovida por Diocleciano.
A finales del siglo III, el imperio romano se desmoronaba, al menos la parte occidental del mismo. Tras las épocas de anarquía y guerras civiles, el emperador Diocleciano comprende que no es posible mantener cohesionado a un imperio de la magnitud del romano, por lo que decide dividirlo por primera vez en dos entidades independientes: el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. Diocleciano queda a cargo de este último, mientras Maximiano gobernará el primero. Con todo esto, Diocleciano propone en 298 una nueva división administrativa para todo el imperio, lo cual afectará a Hispania en la creación de dos nuevas provincias: la provincia Cartaginensis y la provincia de Gallaecia.
Otro de los efectos de la reorganización diocleciana es la creación de la Diocesis Hispaniarum, dependiente de la Prefectura de las Galias. La provincia de Mauritania Tingitana, en el norte de África, se incluye también en la diócesis.
A finales del siglo IV, las Islas Baleares se desgajaron administrativamente de la Cartaginense para formar una nueva provincia romana, llamada Balearica.

Isla de Saltes

La isla de Saltés es una pequeña isla fluvial localizada en la ría de Huelva, en las inmediaciones de Huelva y Punta Umbría. En la actualidad pertenece al paraje natural de Marismas del Odiel.
La zona se encuentra en el segundo humedal más grande de Andalucía. Sobre su suelo arenoso se desarrolla un importante ecosistema de flora y fauna, destacando de esta última especies como espátulas, flamencos, garzas y cigüeñas.
El mar rodea la isla de Salthish por todas las partes; en una de ellas, solo esta separada del continente por un brazo de mar de escasa anchura; por allí pasan sus habitantes para buscar el agua necesaria. Hay pozos de agua dulce de donde se puede sacar agua sin descender mucho, y también hermosos jardines. Esta isla posee las especies mas bellas de pinos, grandes pastos siempre verdes y fuentes de agua dulce, los lacticinios y las leguminosas son excelentes.
Además de su valor ecológico por situarse en una zona de marismas y anidamiento de aves destaca por su valor arqueológico para la zona. Ha sido frecuente relacionarla con la capital de Tartesos. Así lo hizo en su Ora Marítima, el poeta romano Rufo Festo Avieno en el siglo IV cuando podría referirse a ella como "la isla entre dos ríos".
Si bien también se han constatado recientemente la existencia de instalaciones de época romana relacionadas con la pesca y el salazón, lo que destaca son los restos de la ciudad-asentamiento de época hispanomusulmana. La ciudad se sitúa cronológicamente hacia los siglos X y XI, sobre todo cuando fue sede del Reino de Taifas de los Baikríes, primero, y reino de Taifas del señor de Umbra y Xaltis (Huelva y Saltes) bajo el reinado de Abd al -Aziz al-Bakrí.
A apartir de 1052 se produce su lento abandono cuando los dominios de al-Bakrí son conquistados por al-Mutadid y es confinado en la isla. En época cristiana la ciudad ya había sido abandonada existiendo únicamente algunas instalaciones civiles y religiosas.
En la actualidad los terrenos de esta ciudad están en un espacio de titularidad privada. Por los estudios realizados se estima que la ciudad tenía un plano inusualmente regular para el modelo árabe y con una fortaleza central de 70 x 40 metros de perímetro. La población se dedicaba al comercio y la metalurgia aprovechando la cercanía de las minas del norte, cuyos minerales llegaban a la ciudad y a la cercana Onuba a través del río Tinto.
Por la situación marítima de la ciudad también se dedicaban a la pesca y al comercio.

Arco romano de Cabanes

El Arco romano de Cabanes es un arco de triunfo romano construido en el Siglo II d.C., situado en la localidad española de Cabanes (Castellón), a dos kilómetros y medio del centro urbano, junto a la vía Augusta y a la actual carretera CV-159, en medio de la llanura a la que da nombre.

Historia
Según sus características constructivas y los modelos utilizados en época romana, se puede situar cronológicamente su construcción en torno al siglo II, debido al hallazgo al pie del arco de varios monedas de esa época, además de su semejanza con otros monumentos coetáneos.
Por su localización geográfica sobre la vía Augusta y alejado de cualquier ciudad romana o límite administrativo, lo más probable es que se trate de un arco privado de carácter honorífico-funerario, asociado a una villa rural ubicada junto al monumento.
El arco romano de Cabanes fue declarado Monumento Histórico-Artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional por Decreto de 3 de junio de 1931, y desde entonces ha sido objeto de diferentes remodelaciones y programas de conservación.
En el año 2004 el Ayuntamiento de Cabanes elaboró el Plan Especial de Protección de la Senda de los Romanos y del Arco de Cabanes para su protección.

Arquitectura
El monumento se encuentra incompleto, ya que carece del cuerpo superior por encima del arco. Sólo se conservan los dos pilares y el arco, mientras el entablamento y las enjutas han desaparecido, y en el que los únicos elementos decorativos son las molduras de las impostas y los plintos. Cuenta con una altura de 5,80 metros, por 6,92 de ancho.
Está construido con piedra caliza a base de sillares de granito unidos sin argamasa, del que se conservan los dos pilares cuadrangulares que incluyen cabezales y zócalos, con la base y la imposta molduradas, y sobre los que se apoya el arco compuesto de medio punto compuesto por catorce dovelas ubicadas radialmente en forma de cuña.[
El arco de Cabanes se incluye dentro de un amplio conjunto de arcos simples que se extienden por todo el mundo romano.

jueves, 19 de febrero de 2015

Anfiteatro romano de Tarraco

El anfiteatro de Tarraco es un edificio romano construido muy cerca del mar, tras la muralla de la ciudad de Tarraco, capital de la provincia romana Hispania Citerior Tarraconensis. Es una de las localizaciones del lugar Patrimonio de la Humanidad llamado «Conjunto arqueológico de Tarraco.
Fue construido a finales del siglo II d.C., en un espacio que había sido un área funeraria.
Durante el imperio de Heliogábalo, a principios del siglo III d.C., en el anfiteatro se llevaron a cabo diversas reformas. En conmemoración de este hecho, el podium se coronó con una gran inscripción monumental, de la que se conservan numerosos fragmentos.
El 21 de enero del año 259, en el marco de las persecuciones contra los cristianos en época del emperador Valeriano, fueron quemados vivos en la arena del anfiteatro el obispo de la ciudad, Fructuoso y sus diáconos, Augurio y Eulogio.

Acueducto de Segovia

Quizás la más famosa construcción romana en la Península es el Acueducto de Segovia. La presencia romana en la Península Ibérica a lo largo de seis siglos dejó un amplio conjunto de obras públicas, entre las que hay que destacar la extensa red de carreteras, muchas de las cuales aun hoy perviven, las construcciones para el ocio, como teatros, anfiteatros o circos, o la construcción de redes de alcantarillado, termas o acueductos, que abastecían de agua corriente a las poblaciones, preocupadas por la higiene pública. Perfectamente conservado, la parte más famosa y monumental del acueducto de Segovia corresponde al muro transparente de arcos sucesivos que lo mantiene airosamente alzado en la vaguada del Azoguejo. Realizado en granito a finales del siglo I después de Cristo, bajo el reinado del emperador Nerva, tiene una altura máxima de 28 metros y medio y 818 metros de largo. Para su construcción se utilizaron 20.400 bloques de piedra unidos sin ningún tipo de argamasa. A diferencia del Pont du Gard, el sistema de construcción que se emplea aquí consiste en levantar enormes pilares unidos a media altura y con arcos de sostén en la parte superior.
Su autor hizo un extraordinario alarde de técnica, pues el equilibrio de tan liviana construcción descansa en el conjunto de la obra. De esta forma, el acueducto sólo se mantiene estable si se conserva en su integridad, a diferencia de otros ejemplos como el de los Milagros de Mérida, cuya estabilidad descansa de manera independiente en las columnas. Fue restaurado en el siglo XV por la reina Isabel de Castilla.

(ArteHistoria)

Muralla romana de Astorga

Datos Históricos
Astorga tuvo tres murallas de origen romano para protegerse:
La primera tenía un doble foso defensivo con dos trincheras en forma de "V".
En el siglo I, se construyó sobre la anterior la segunda muralla con dos torres circulares.
A finales del siglo III, y para acoger las sucesivas expansiones, se levantó la última muralla, que consta de 27 cubos semicirculares y cinco metros de espesor. Fue reaprovechada en la época medieval, reconstruyéndose en el siglo XIII, la que hoy podemos contemplar en el paseo Blanco de Cela.
Detrás del ábside de la catedral, encontramos restos del acceso al recinto, la llamada Puerta Romana.

Ruinas de Juliobriga - Retortillo


Ruinas de "Iulio- briga" o "Julióbriga", fundada por la IV legión romana en el siglo I a.C., posiblemente sobre un antiguo castro cántabro.
Las ruinas apenas dejan entrever la que fue la mayor y más importante de las ciudades romanas en Cantabria. Se estima que las excavaciones solo nos dejan admirar un cinco por ciento de lo que fue una ciudad de al menos 20 hectáreas. En la actualidad, sobre las propias ruinas está levantado el pueblo de Retortillo.
Las excavaciones se vienen realizando desde finales del siglo pasado y en la actualidad las lleva el Departamento de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria.
Los materiales obtenidos permanecen en el Museo de Prehistoria en Santan- der. Hay tres zonas a visitar, separadas por una corta distancia.
Junto a la iglesia románica de Retortillo, que se levantó sobre las ruinas de la ciudad de Julióbri- ga aparecen los restos de los que debió ser un edificio público columnado, un foro. Por tanto, y tal como disponían los romanos las ciudades, sabemos que esto era el centro de la ciudad, no solo geográfico, sino económico, político y judicial.
Un poco más adelante, pasada la iglesia, está "La Llanuca", donde se descubrió la planta, en cimientos, de viviendas con peristilo y buen número de habitaciones. Al parecer pertenecen a dos casas con patio central, construidas en el siglo I d.C. para gentes de elevado estatus. Daban a una calle porticada, cuyas pilastras prismáticas se han reconstruido y que debió extenderse casi hasta la iglesia.
La primera casa, de grandes dimensiones, tenía un depósito de agua que posibilitaba, en diferentes habitaciones, tomar baños termales de agua fría, caliente, templada e incluso de vapor. Contaba con unos establecimientos comerciales abiertos a la calle porticada.
La segunda casa tiene una planificación simétrica perfecta, modelo de la arquitectura romana en Hispania. Tenía patio porticado y estancias en un segundo piso, no es seguro que ocuparan toda la planta de la casa, pero si al menos el ala que daba a la calle. La tercera zona de ruinas romanas está a ambos lados de la carretera que sube a Retortillo, antes de llegar al pueblo.
Los prados más altos, a la derecha según se sube, demarcan los cimientos de dos casas y un pozo donde se hallaron una estela romana y vasijas de madera y varios objetos: sigillata, pendientes de oro...
En la zona a la izquierda de la carretera se descubren grandes casas populares con sus patios empedrados, columnas, mosaicos, etc. Hay dos casas importantes, la llamada "casa de los Morillos", en la que se encontraron en la cocina dos figuras metálicas con forma de toro, empleadas para sostener la leña. Se construyó sobre el 80 d.C. sobre otra vivienda anterior que se quemó en un incendio. Se conserva el primer peldaño de la escalera al segundo piso.
La otra casa, llamada de "los mosaicos" por su pavimento, en tonos blancos y negros, es mucho más amplia. También tenía termas y se ha encontrado un "hypocaustum", sistema empleada para calentar las habitaciones mediante un doble suelo. También Julióbriga ha dado cerámicas indígenas de influencia celtibérica del tipo de las aparecidas en Celada Marlantes.
Con el declive del Imperio Romano, los habitantes de Julióbriga abandonaron la ciudad en la primera mitad del siglo III. Parece que, posteriormente, pudo haber algún poblado visigodo asentado por aquí, así como gente que llegó con la repoblación ( siglo VIII ), pero lo seguro es que no es hasta el año 1057, cuando los propietarios de las tierras en esos momentos ( Don Nuño Alvarez ) las ceden al monasterio de Santillana

Las calzadas romanas

 
Una de las grandes bases que contribuyeron al engrandecimiento y mantenimiento del Imperio Romano fueron las calzadas o vías de comunicación. Por su gran valor arquitectónico, militar, políti­co, económico y civilizador constituyeron una de las obras de más trascendencia emprendidas por los romanos. Gracias a ellos nuestra Península vio convertirse unos caminos y pistas deficientes en mag­níficas calzadas de buen firme con sus correspondientes puentes para salvar vaguadas y depresiones. En nuestros días no resulta en ocasiones sencillo el reconocimiento de estas vías por todos los avatares que han sufrido a lo largo de casi veinte siglos de uso, abandono, reutilización, aprovecha­miento como cantera, parcheo y recebo.
Cuando la calzada reúne todos sus requisitos, sobre todo en la época de mayor esplendor impe­rial, lo normal es que tenga un ancho de cinco a seis metros, con sus correspondientes aceras o arce­nes, suficiente para que dos carruajes pudieran cruzarse sin ningún peligro, y con un firme de hasta un metro de espesor, con su «statumen» (cimientos de piedra) al que se superponen el «rudus» (capa de cascajo), el «nucleus» (capa de grava) y, por último, la «summa crusta» o «summun dorsum» (em­pedrado de grandes losas irregulares con una sección total ligeramente abombada y peraltada. Pero esta modélica estructura pluriestratificada debió ser privativa de escasos lugares y de las grandes vías más importantes que comunicaban los principales municipios o colonias. Lo normal eran vías de ela­boración menor y menos complicada, predominando las «terrenae» sobre las «glarea straiae» o «síli­ce stratae». las auténticas calzadas de piedras.
Considerando que la arqueología tiene aún mucho que decir al respecto, hemos de citar dos as­pectos morfológicos que posibilitan en cierta medida la identificación de estas vías. Uno es el de las llamadas «sendas encajadas», que suelen estar en conexión con yacimientos romanos y consisten en alineamientos encajados en el terreno con las pendientes atenuadas. El otro, más conocido, suele ser el utilizado por la conocida escuela británica y se refiere a los caminos caracterizados por un alomamiento resultado de la preservación del «agger» o firme principal a base de camas de guijarros apelmazados con gravilla; predominan en zonas donde el relieve es de grandes superficies abiertas y el terreno escasamente rocoso, Excepcionalmente se ha empleado también en la identificación el criterio de las improntas o marcas de las ruedas de los vehículos allá donde han podido rastrearse, pero siempre teniendo sumo cuidado en diferenciar las de los carruajes romanos de las de los medievales.
La fuente más importante para el conocimiento de esta tupida red de vías de comunicación es eI «Itinerario de Antonio» a pesar de tratarse de una relación muy sumaria de estaciones y distancias, reducida tal vez a las vías de interés militar de la época pues omite un número mucho mayor de otras cuya existencia es segura y nos consta por sus vestigios, por los puentes que facilitaban su trazado y por los mojones o columnas.




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