miércoles, 22 de marzo de 2017

Puente de Alborea - Albacete

En las inmediaciones de Alborea se encuentra el puente romano, uno de los pocos vestigios del pasado histórico del municipio y una de las construcciones de mayor valor. Se encuentra en buen estado de conservación y formaba parte de una antigua calzada romana de segundo orden que unía Sagunto con Andalucía, pasando por Requena, Chinchilla y Alcaraz.

Villa romana La Sevillana - Esparragosa de Lares

Con motivo de la construcción del Embalse de la Serena, sobre el río Zújar, y en previsión de la inundación de las zonas de interés arqueológico, se procedió entre los años 1987 y 1989 a la excavación de la Villa Romana de La Sevillana, en el término de Esparragosa de Lares (Badajoz). Esta Villa, que resultó ser del siglo IV de C., conservaba toda su parte Urbana pavimentada de mosaicos que fueron rescatados y trasladados para su posterior exhibición.
Así, en la finca denominada "La Sevillana" se detectaron unos restos arqueológicos que resultaron pertenecer a un establecimiento rural romano. Numerosos materiales eran visibles en superficie (tejas, fragmentos de cerámicas…), así como estructuras de muros que se extendían sobre una vasta zona del valle del río Zújar. En uno de estos espacios aparecía un mosaico geométrico, que estaba al descubierto por los efectos del agua y de los excavadores clandestinos.
La villa aparecía situada exactamente en la parte baja de la finca "La Sevillana", que se extendía en la vega cercana al antiguo curso del río Zújar. Antiguamente, esta zona de vega aparecía consagrada a la explotación agrícola (cereales, viñedos, frutales y legumbres), con importantes rendimientos dada la calidad de la tierra y la proximidad del río.
Esta villa, forma parte de una cadena de establecimientos rurales romanos, situados en el valle del Zújar y ocupando tierras fértiles dedicadas a las actividades agrícolas y ganaderas.

(Wikipedia) 

Nertobriga Concordia Iulia - Fregenal de la Sierra

El yacimiento arqueológico de Nertobriga Concordia Iulia está ubicado en el término municipal de Fregenal de la Sierra (Badajoz). Desde una altura de 681 metros se dominan varias decenas de kilómetros al Norte y, al menos, una veintena hacia el Sur y Este, abarcando todos los pueblos actuales que lo rodean. Ocupa, por tanto, una posición estratégica entre los ríos Sillo y Álamo, junto a la mayor concentración de minas de hierro de la comarca y sobre la Real Cañada Soriana, reflejo de lo que fue una importante vía protohistórica de comunicación entre el Sur y el Norte peninsular, tal y como se revela en el estudio espacial de asentamientos prehistóricos.
Nertobriga aparece citada en las fuentes clásicas, griegas y latinas, como una población de la Baeturia Céltica, comarca lusitana en el suroeste extremeño, limítrofe con el mundo turdetano y posteriormente incorporada por Roma a su provincia Bética. Nertobriga se hallaba enclavada, pues, en la imprecisa comarca llamada Baeturia, dividida en dos partes en virtud de otras tantas gentes que la habitaban. Plinio nos informa de la presencia de celtici, oriundos de los celtiberi, pero en la ciudad pocos son los vestigios procedentes de este periodo que se conservan. La implantación romana borraría sus huellas y señas de identidad. Monsalud y Mélida hablan de una citania en la parte más prominente de la ciudad, en la cima del cerro, aunque no hay nada seguro, sobre todo después de que los sondeos efectuados no aclarasen nada al respecto.
Algunos textos clásicos se hacen eco de la existencia de Nertobriga, aunque las referencias a la misma son parcas en cuanto a las descripciones. Ptolomeo se limita a proporcionarnos su situación geográfica. De mayor interés son las noticias facilitadas por Polibio, quien menciona la ciudad a propósito de su toma por las tropas romanas al mando del pretor Marcelo. El Marcelo al que se refieren las fuentes no puede ser otro que M. Claudius Marcellus. Por Apiano sabemos de su estancia, a poco de haber sido elegido cónsul por tercera vez. Después de entablar negociaciones con los celtíberos que nunca fueron aceptadas por el senado, acampó en Lusitania y, según se dice, tomó Nertobriga, en su camino hacia Corduba para pasar el invierno. Otro texto que aporta información valiosa para el conocimiento de esta antigua ciudad, nos lo proporciona Plinio, que nos informa de los cognomina que se le adicionaron (Concordia Iulia) confirmados epigráficamente, y de su inclusión, dentro de la organización administrativa, en los conventos hispalenses.
Nertobriga alcanzó el estatus jurídico de municipium, lo que se llevó a efecto bajo la férula de César. El grueso de las entidades de población que acompañan a Nertobriga en el pasaje pliniano recibirá la organización romana en época Flavia. La población de Nertobriga fue adscrita a la tribu Galeria, y así se hace constar cumplidamente en parte de la documentación epigráfica conservada.
Sobre el cerro amesetado, de extensión cercana a las cinco hectáreas, debió de asentarse un importante castro amurallado, cuyas defensas serían sustituidas por las de época romana que se observan en la actualidad en un envidiable estado de conservación. El desarrollo urbanístico de época romana pudo arrasar (aunque en tanto no se realicen excavaciones pertinentes que lo determinen no sabemos en qué medida) los vestigios anteriores. Los sondeos realizados no revelan restos arquitectónicos prerromanos, y sólo la aparición de fragmentos cerámicos extramuros, al pie de la muralla, en la zona más elevada del cerro y en el relleno de otro de los cortes arqueológicos practicados, permite atestiguar de manera fehaciente la existencia de ocupación prerromana en el yacimiento.
Por el contrario, las huellas de la ocupación romana son de lo más expresivas y revelan, bien a las claras, el potencial que el yacimiento atesora. No son ya las relevantes piezas descubiertas en las excavaciones arqueológicas de finales del siglo XIX, sino las propias evidencias arquitectónicas que afloran, las que nos muestran los vestigios de uno de los municipios romanos más importantes y mejor preservados de la Comunidad Autónoma de Extremadura.
En efecto, un examen de los restos que emergen permiten hacernos una idea de la importancia intrínseca del yacimiento: monumentales defensas con lienzos de murallas, abundantes restos de cisternas y otros depósitos de agua diseminados por el recinto, evidencias de grandes edificios públicos y de carácter cultual, etc. En definitiva, todas una batería de dependencias necesarias para el normal desarrollo de la vida en este municipio romano de la Bética.
De igual modo, las últimas campañas de excavaciones llevadas a cabo en distintas áreas de la ciudad confirman la dilatada secuencia de ocupación del sitio, prolongándose hasta bien entrada la Edad Media. La maqbara (necrópolis islámica) parcialmente excavada en una de las laderas del cerro, ofrece un testimonio innegable del paso de poblaciones islámicas por la antigua Nertobriga. A falta de que nuevas actuaciones pongan de manifiesto nuevos datos que permitan esclarecer de manera definitiva la secuencia ocupacional del yacimiento arqueológico, la última presencia estable de una comunidad sobre el Cerro del Coto se fecha en el siglo XII, correspondiéndose con la ocupación almohade, que a la postre fue conquistada por los caballeros de la Orden del Temple. Solo una ermita cristiana, dedicada a San Frutos, quedará aislada y con culto hasta mediados del siglo XVII.
De estas últimas intervenciones son de destacar, por su monumentalidad y trascendencia arqueológica, los hallazgos relacionados con los restos de un gran edificio dotado de un podio de más de tres metros de altura que sostenía dos templos gemelos de modulación canónica. El conjunto templar se completa con los restos de una posible piscina lustral subterránea que se ubica frente a su fachada principal, por debajo de las escaleras de acceso. Ambos templos presidían un área abierta lujosamente pavimentada con grandes losas de mármol que hay que poner en relación con el Foro municipal. Esta gran actividad constructiva y urbanizadora se fecha alrededor de finales del siglo I a. C.

La Leitosa - León

Localización: la entrada al paraje puede realizarse desde Villafranca del Bierzo, tomando la carretera de Paradaseca. A unos 4 km de esta localidad se encuentra un desvío en dirección a Paradiña y Prado de Paradiña. Ascendiendo unos 4 km por dicha carretera se encuentra la carretera que une las localidades de Pobladura de Somoza y Prado de Paradiña. Continuando en dirección a Paradiña, a aproximadamente 1 km, se toma una pista a izquierda. Los miradores se encuentran a 1,6 y 3,9 km.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Accesos y senderos señalizados – Posee cuadros explicativos.

Descripción: la minería del oro existente en la zona correspondiente a la actual provincia de León no se limitó al paraje de Las Médulas. En su búsqueda sistematizada de los lugares susceptibles de explotar un mínimo de mineral de oro los romanos abarcaron todas las zonas que les resultaban económicamente rentables, ocupando un papel ciertamente interesante a este respecto el curso del río Sil y sus afluentes. Destacan las labores mineras reconocidas en el río Burbia, donde se localizan las minas de La Leitosa y Los Cáscaros, dos de las más extensas en superficie de época romana (sólo superadas por Las Médulas). La Leitosa es el único lugar, junto a Las Médulas, en el que se documenta el más complejo sistema de extracción del oro, la ruinae montium, que necesitaba grandes cantidades de agua (desde los miradores son visibles varios canales en la ladera oriental de la cresta de Peñas de Torga, cinco estanques de recepción del agua y tres bocaminas). También es posible reconocer en este territorio otras actividades mineras, como por ejemplo, las trincheras en el suelo que parecen responder a los trabajos previos de reconocimiento de la zona a explotar (unas zanjas que permitían conocer a los romanos los distintos niveles de aglomerados y por tanto a qué profundidad con respecto a la superficie se encontraban los niveles más fértiles en oro).

(Museo Arqueológico) 

lunes, 20 de marzo de 2017

Acueducto de Zaorejas - Guadalajara

Localización: a poco más de un kilómetro al sur del casco urbano de Zaorejas. El acceso se realiza siguiendo un sendero señalizado que comienza a la salida del caserío y que sigue el curso del Barranco de Fuentelengua.

Grado de Accesibilidad:
Bueno – Acceso señalizado – No posee cuadros explicativos.

Descripción:
esta importante obra hidráulica, realizada a mediados del siglo II d.C., arranca en la ladera oeste del paraje denominado La barbarija del que proceden las aguas que actualmente abastecen al pueblo de Zaorejas. Esta construcción, coronada por un canal para la conducción de agua hoy totalmente desaparecido, se ha perdido en buena parte debido a la acción de los agentes atmosféricos y a la acción humana (sus piedras se utilizaron para el cerramiento de huertos y el aterrazamiento de taludes). Su fachada norte presenta un mejor acabado y mayor decoración ornamental seguramente debido a que esta cara daba a una importante vía romana (Laminio-Caesaraugusta).

Cisterna de Monturque - Córdoba

Localización: en la parte alta del pueblo de Monturque, bajo el viejo cementerio municipal.

Grado de Accesibilidad:
Bueno – Acceso señalizado – Posee cuadros explicativos.

Descripción:
si bien durante la dominación romana la población de Monturque debió alcanzar gran importancia, ya que desde su situación se controlaba el cruce de la Vía Anticaria con las procedentes de Iponuba (Baena), Ucubi (Espejo) y Ategua, aún no ha sido posible determinar cuál fue su verdadero nombre durante ese período. Entre las construcciones que se conservan destaca sobretodo una extraordinario conjunto de obras hidráulicas de gran monumentalidad y significación conocidas vulgarmente como “Las Minas”. Se trata de una gran cisterna construida en opus caementicium, con revestimiento interior de opus signinum, que presenta una planta rectangular dividida en doce cámaras, cubiertas con bóveda de medio cañón y distribuidas en tres naves paralelas entre sí. Cada nave está formada por cuatro cámaras de planta rectangular de 6,65 m de largo por 3,08 m de ancho y 4,83 m de altura; dotadas de aberturas circulares en su parte superior. En el extremo de una de las cámaras se abre la galería de desagüe, una prolongación de 28,66 m de longitud por 0,84 m de ancho y 5,10 m de alto, que presenta una trayectoria quebrada y termina en un pozo. Se conservan además ocho cisternas pertenecientes a viviendas privadas y un criptopórtico.

(Arqueomas)

Villa de la Majona

Los restos de esta lujosa villa romana fueron hallados en 1995, de forma casual, en la finca de “La Majona” (Don Benito, Badajoz). Construída en la margen derecha del río Guadiana sobre un asentamiento de la Edad del Bronce, cuenta con una Pars Rústica destinada a las labores agrícolas provista de diversas estancias de almacenamiento, una Pars Urbana o residencia del propietario de la finca, y un mausoleo con inhumaciones.
La vivienda consta de un patio central con un gran estanque provisto de tres fuentes, rodeado por un peristilo en torno al cual se distribuyen el resto de las estancias. La fuente central revestida con mármoles está situada frente a la estancia principal, ricamente decorada. Los pavimentos de las zonas nobles fueron cubiertos con mosaicos de teselas de diferentes colores; los paramentos decorados con estucos, y los zócalos revestidos por placas de mármol lisas o en relieve, y plaquitas recortadas, que forman composiciones geométricas, vegetales y figurativas, enmarcadas por listeles. Las formas representadas se ven realzadas por la variedad cromática de los mármoles empleados, que en su mayoría proceden de Estremoz y Beja.
Las excavaciones arqueológicas realizadas durante los años 1995-1998, centradas en la parte residencial, desvelaron que la vida de la villa transcurrió desde finales del siglo I hasta el V-VI d.C. y que a mediados del siglo III d.C. fue ampliada y decorada lujosamente. A este momento pertenece el busto que fue hallado en el interior del estanque situado en el atrio, que puede contemplarse en la Sala de Roma del Museo.